
Nuestro proceso revolucionario, por mucho que sea atacado por la derecha, la izquierda y los falsos ambidiestros, siempre resurgirá impoluto “por sus intenciones”: pero no solo de propósitos vive el hombre y mucho menos las sociedades.
Tengo ante mí un artículo de Miriam Celaya titulado “La chusmería: hija bastarda de la Revolución”, que logra llamar muy bien la atención sobre un hecho cotidiano al que muy pocos se han referido en los últimos tiempos: la falta de educación y buenos modales en las nuevas generaciones.
Le faltó un detalle al artículo para mi gusto, y es no haber calificado tales actitudes como un reflejo de la deshumanización en esa juventud. ¿Y por qué nos deshumanizamos?
¿Qué ejemplo de buena conducta y de humanismo puede entronizar?:
. Jóvenes gritando paredón, paredón, paredón.
. Jóvenes apedreando y golpeando en 1980 o en 1994 a una parte de la población que decidió emigrar.
. Jóvenes que golpean a mujeres vestidas de blanco.
. Un joven de la Cruz Roja, que usa una camilla no para salvar, sino como arma de agresión contra alguien que grita libertad.
. Jóvenes que no saben qué es la democracia, que desde que nacen solo les enseñan el ordeno y mando, y que solo reciben información tamizada y masticada de su gobierno, se les prohíbe el acceso a la tecnología de la información moderna y, desde que tienen uso de razón, se les inculca que solo hay una verdad sobre la faz de la tierra: la del partido comunista cubano.